Abrir surcos al género para liberar al pueblo y teniendo templanza hacia la libertad
martes, 24 de enero de 2012
CLAVELLINAS, LA PARCELA OLVIDADA
Ver transcurrir el pasado es pintar de recuerdos la memoria para lograr imágenes que se mueven de una manera inquietante sobre el cielo abierto de San Esteban y dejar que el atardecer se adueñe de una nostalgia que busca pintar un cuadro sobre sí mismo, en este pueblo pintoresco de mi Puerto Cabello natal y, donde el Fortín Solano en su entrada es la verdadera defensa de hombres teñidos de gris por la patria. Es un pueblo con una sola escuela, dirigida por maestros ejemplares que, juegan con el paisaje para darnos desde el Pozo del Coco la desnudez de nuestros cuerpos en edad adolescente y la textura de los sueños, luego de un suculento sancocho bajo sus frondosos árboles. Son plantas desnudas, ya muestran su madurez en plena vejez, donde el tiempo y transcribe el olvido como el trapiche, la sabrosa leche burra de mi primo y su garapita, la venían a buscar desde Caracas en grandes cajones que simulaban camionetas. Eran mulas cargadas de este líquido sobre carretones entrenzados en sus lomos hasta cuatro por cuatro frenadas en la empinada curva o bajada del río. Es la misma imagen, como la familia se esparce y no regresa a sus orígenes.
Es el milagro de la imagen que se copia a sí misma, frente al espejo, los caballos en la huerta triscan la hierba, restaurando de su propia mano su actitud famélica frente al gran espejo del cuarto. Los Boulton y Dao tenían grandes cocales, haciendas de café y trapiches. Los Suárez, una hacienda pequeña llamada Las Clavellinas, fue abandonada y perdida por desidia de los hermanos, al lado del río San Esteban. Hoy, terrenos invadidos por la desnaturalización de los gobiernos precedidos y el actual.
El recorrido de nuestra vida es largo, cada etapa es un ciclo. Ahora, nadie es testigo de una cultura, ha desaparecido la antropología de los pueblos, ya no existen las selvas que olían a frutas y pintaban el olfato, no había necesidad de comprar en los supermercados porciones de frutas de guayaba. Nísperos, piñas, lechosas, ahora, todos prefieren refrescos negros que originan cáncer. Estas frutas que se regalaban en los caminos, ahora se venden en los supermercados y se pudren porque nadie las compra para tener salud, menos cerrar sus últimos ciclos en bienestar.
He venido rescatando mi infancia de las profundidades del sueño, hasta convertirla en vigilia, mi mano sueña la palabra para viajar hasta París y ver entre el paisaje a una joven cruzar los jardines con su cabellera suelta y con maestría lanzarse desde la roca en el Pozo del Coco, simplemente la vida nos ha partido por la mitad bajo un estallido de colores que pintan en el alba la escena de una lancha con marineros en su viaje de placer. He recorrido Venezuela, para empezar a envejecer, con mi pacto en la Iglesia de Tovar, dejo el caminar de mis vivencias y una Chila paseándome en Mérida. Ya en el sepulcro, mi amiga del lote 8, de la llovizna, murió trágicamente en un vehículo al desviarle su madre el correr de su existencia, todo ha sido abandonado desde mucho tiempo, hasta nuestra vida. Es bueno explorar nuestros recuerdos en la parada del camino, La Fría. Un pueblito del Táchira.

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