Cartas a Arthemis. (8)
Hay que saber mirar,
siempre asistía a los museos a observar las exposiciones de pintura, sobretodo,
a los matrimonios y que dialogaban entre ellos, Me gusta observar y organizar
todo a través de la hermenéutica y homiletica, el mundo trae sus interrogantes,
por eso, la mujer existe, es muy útil para conversar y aprender de ellas, más
si estamos solos.
El cabello entre largo
le da mucha fuerza y su rostro juega con él. Admiraba a mi amiga del colegio
Ada en el Zulia, porque, su pelo revoleteaba y parecía una niña que bajaba
corriendo de una montaña con mucha
neblina con sus brazos abiertos, dándonos su bendición, la volví a encontrar
después de muchos años.
Siempre en mi alcoba me
lleno de recuerdos, caminábamos nueve kilómetros para irnos al río a bañarnos y
visitar a los primos, San Esteban ya no es el pueblo que conocí de pequeño, sus
aguas bañaban mi rostro, con mis manos sacamos pequeños camarones que luego cocinaba
en una rústica estufa de kerosene, asábamos mazorcas de maíz, allí, en los
pozos de agua transcurría la tarde, mi abuelo tenía ocho hermanos, Alejandro y
Antonio fueron los más populares.
Vivir en un edificio es
muy traumático, los vecinos no se reúnen para resolver los problemas comunes y
cada uno es muy individualista, el ego nos destruye como ciudadanos, siempre
hay contradicciones sin argumentaciones válidas.
El sueño, es una cosa
muy extraña, nos llama al sobresalto. Observo el reloj, marca un atraso de
veinte, (20) minutos, me siento frente al computador a escribir, es a diario,
dos o tres artículos, a un mismo ritmo.
De Mérida, siempre me gustó
el Páramo, la neblina arropaba mi vestimenta, luego en la camioneta de Carmen
tomamos la vi a la vuelta de Lola a tomar una bebida y un suculento mondongo
liviano que allí ofrecían los fines de semana, las merideñas son mujeres muy
disciplinadas como autoritarias, quizás, por eso, yayita es diferente a sus
hermanas, asimiló todas las costumbres andinas.
Todos mis compañeros de
estudios son políticos y abogados. Nos gustó éste campo desde el Martin. J.
Sanabria y el Enrique Bernardo Núñez. Teníamos que ir al Congreso Nacional
extinto, a escuchar la plenaria y aprender oratoria, como saber manejar el
discurso político, los socialdemócratas eran rigurosos, fomentaron congresos
para debatir las argumentaciones de los políticos de ese tiempo. Los
principales fueron Claudio Fermín y Eduardo Fernández, pero, tuvieron miedo de
ser presidentes. En aquel entonces, el joven Antonio Ledezma jamás quiso asumir
responsabilidades y huyó del lado del presidente Carlos Andrés Pérez, ahora
quiere ser guapetón.
Carmen Cecilia fue una
gran amiga, me llevó en su camioneta por todos los caminos de Mérida y Cúcuta,(Colombia).
Organizó mi vestimenta y calzado. Siempre estuve con su madre, Aurora en Tovar,
me preparaba una comida exquisita, siempre recorría las calles con ella para
comprar o hacer diligencias de su interés particular, con ellos pase un
diciembre y varias vacaciones, ya al final, iba casi cada veinte días por dos o
tres días.
Algunas veces, me salen
lágrimas pensando en esos momentos felices, en Mérida hay otras emociones. Las
ciudades centrales son nidos de perturbación y angustias, el alma nunca se
tranquiliza.
En Tamaré, tenía de
todo, los norteamericanos de la Creole siempre nos visitaban para llevarnos
alimentos del Comisariato muy baratos, todo por demás y me llevaban al
Ambulatorio a revisarme la salud, nos pasaban películas, el colegio era
excelente, las monjas me llevaban después de clases a su casa, me daban de
comer, dormía con ellas un rato, luego una nodriza me llevaba a la casa de mamá
alrededor de las cinco, (5pm) de la tarde.
En Valencia- Carabobo- crie
dos niños que no son mis hijos legales, la hembra ya es señorita y graduada, el
otro, un varón que esta estudiando. Me gusta colaborar con el prójimo. Ambos se
encuentran con sus madres respectivas La hembra es del Estado Bolívar y el
varón del Estado Trujillo, Valera.
Siempre hay un llanto
en el alma. La vida es una reflexión.
La noche es para
recordar y recuerdo, son sueños de color de nostalgia, nada más.
El rostro da un salto,
cada vez que el pincel nos dibuja, son experiencias que van a un aprendizaje, rasguemos
lo interior, seamos profundos para tener un gesto amable, no seamos un
fantasma, como en los sueños, avistemos la existencia

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