Asidero
La alianza con el chavismo, le hizo muy mal a
Lula Da Silva, como a Dilma Rousseff, porque, determinaron el populismo en
Latinoamérica y el asistencialismo, que constituyeron verdaderas bombas de
tiempo, llevando en primer lugar a Brasil hacia una bomba de tiempo, como grave
crisis económica a Venezuela en una desaceleración económica progresiva. Esta
claro, entonces que entre Colombia y Venezuela no hubo química gubernamental.
Ahora menos y, entre Brasil y nuestra patria una alianza de plena corrupción en
obras hidráulicas fundamentales.
Jair Messias Bolsonaro
(1955), un emergente excapitán del Ejército de su país, asumió la presidencia
de Brasil convirtiéndose en el 38° mandatario del gigante sudamericano, el
Estado, sin discusión, más importante de la región de América Latina. Estamos
refiriéndonos al país de cuya gravitación geopolítica ningún Estado periférico
—todos los países de Sudamérica lo son respecto del Brasil— podría exonerarse
de su impacto e influencia. Es verdad que algunos Estados, como sucede con Argentina,
mantienen un nivel de dependencia realmente relevante. Las expectativas sobre
lo que viene expresando Bolsonaro son muy grandes, pues la actitud social
básicamente está determinada en el fenómeno del cambio con que la mayoría de
sus compatriotas esperan que se haga eficazmente visible en el tiempo y, con
ello lo más importante: aplaque el hartazgo colectivo en que ha estado
sumergido el país en la última década por el legado de la izquierda populista.
Lejos de ser el mandatario que no ha ocultado sus canteras ultraconservadoras,
las formas con que se ha mostrado estratégicamente durante la campaña electoral
en su país —por su discurso ganó tribunas de adictos que al final le dieron la
victoria, aplastando a la partidocracia adepta al expresidente Luiz Inacio Lula
da Silva—, tampoco es para creer que constituirá su gobierno una caja de
Pandora.
Más bien se ve como un flamante jefe de Estado que asume las riendas de
un país complejo y diverso, pero sobre todo lleno de aspiraciones sin faltar al
realismo político de un Estado relevante de las relaciones internacionales del
continente y del mundo. Bolsonaro sabe que no la tendrá fácil —sufrió un
atentado contra su vida durante la contienda político-presidencial—, por esa
razón tiene hacia adelante una agenda grande y diversificada, pues llega al
poder en una etapa difícil para la vida política brasileña, donde la corrupción
ha monopolizado gran parte de la vida nacional y generado una crisis de valores
políticos a todo nivel. En cuanto al Perú, Bolsonaro debería decidirse hacia
ese país como el más idóneo, pues sabe que en el siglo XXI la cuenca del
Pacífico que les baña sigue dominando económicamente.
Ello, según la agencia Reuters, luego de que la venta de dólares de
empresas y de administradoras de fondos de pensión (AFP) se vio emparejada con
la demanda inicial de divisas de bancos y de inversores extranjeros ante los
temores sobre el crecimiento de la economía mundial, recordando que esta moneda
cerró el 2018 con un alza del 4.05 %.
Agregó que, a nivel global, una contracción en la actividad
manufacturera china, en diciembre, y de la actividad fabril en la zona euro,
reforzaron las preocupaciones sobre el crecimiento de la economía global.
Por lo tanto, el único país en retraso es Venezuela por las ideas
expuestas por su presidente, Nicolás Maduro Moros, porque China mantiene
relaciones comerciales con países de izquierda o derecha, lo importante es la
moneda en comercialización.
Del mismo modo, Reuters informó que el oro seguirá subiendo y tocó sus
niveles más fuertes en más de seis meses, (agosto- 2018, enero 2019), luego de
que el descenso de los mercados de acciones en las bolsas de valores
internacionales, aumentó la preocupación por la debilidad de los mercados
globales, generando una aversión al riesgo y que favorecía a este metal
precioso. Mientras Rusia y Turquía se llevaban el oro venezolano a sus
depósitos por el canje de la deuda por préstamo a largo y segundo plazo.
Así, el oro al contado sumaba un 0.19%, a $ 1.284,6 por onza luego de
llegar, más temprano, a los $ 1.288,66, máximo desde el 15 de junio. Los
futuros del oro en Estados Unidos subían un 0,6 por ciento a 1.289,40 dólares
la onza.
Tener
claro el objetivo es el primer paso para el éxito. Pero en la crisis de estos
días contra la corrupción, andamos distraídos con tanto ruido político. Todos
los afanes están sobre los personajes de la escena oficial, en tanto que hay
poca preocupación por las fuentes de la propia corrupción. La corrupción
potente se financia con dinero obtenido criminalmente. Lo habilitan el
narcotráfico, la minería informal, la tala ilegal, el contrabando, la trata de
personas y el robo en obras públicas. Bloquear esas fuentes sería una victoria
categórica. Además, con tantas manifestaciones contra la corrupción, uno
imagina que sería muy fácil aprobar políticas públicas contra esas fuentes.
Pero no hay leyes que lo manden, ni interés para ponerlo en agenda, ni marchas
que lo pidan.
Muchos
se benefician de nuestra riqueza y todos, quieren prender la llamarada de la
guerra, a ver si la sujetan, pero, los cuarenta generales que controlan
nuestras riquezas, irán hasta el final, no es fácil despojarse de tantos
benéficios en los últimos años, sobre todo del oro del Arco Minero y la madera
del Amazonia.
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