El Faro de Araguaney
La transparencia
militar y el respeto por los tratados internacionales debe ser motivo de consenso
en los países de Oriente y, ahora desean llegar a las costas latinoamericanas.
Desde hace algún tiempo se viene rompiendo acuerdos entre algunos Estados Europeos
y del Este Oriental para cruzar el mediterráneo y el pacífico hasta Magallanes.
De modo, ahora se quiere involucrar a Venezuela en sus guerras bajo una excusa baladí.
Estas
competencias de dialogo solo competen a Joe Biden y Vladimir Putin. Y, que la ciudadanía
norteamericana lo sabía muy bien al elegirlo presidente, a sabiendas, que es
conocido bajo el remoquete del “guerrero”.
Sabemos que
el convenio chino- ruso sobre el gasoducto, solo es de sus competencias y,
ahora Europa esta expuesta por los costos de producción y el caso de Ucrania.
Ahora, esos
momentos de tensión llega a Sudamérica por la relación que sostiene Venezuela
con Irán y Rusia, Siria y los países musulmanes del Este. Es el instante de dar
una respuesta constructiva y evitar amenazas de seguridad nacional. En lo
particular, Moscú no debe bajar a tierra Santa porque lo que allí sucede y
pasará no es de su incumbencia. Chima estará en la Guerra del Armagedón mas no
Rusia. Tampoco Corea del Norte aparece en ese combate que dará paso a una dimensión
terrestre y celestial.
La situación
política mundial es muy deprimente y, se debe llegar a un dialogo sobre los territorios
y el respeto a sus soberanías. En cuanto a Venezuela nada es negociable y somos
un país soberano con consenso internacional y, todo lo que hay en territorio, (infraestructura)
fueron desarrollados por los norteamericanos, jamás los chinos nos han ayudado
y los árabes. Ejemplo, tenemos en Planta Centro, las turbinas no han sido
complementadas y poco se utiliza energía allí.
China, desea
copar todo con la revisión de la Nueva Ruta de la Seda.
Ahora,
Occidente siempre ha sido pionera en sus alianzas con Rusia desde hace 20- 30
años. Sobretodo en el servicio de telecomunicaciones y las respuestas como Acuerdos,
siempre han sido sólidos.
En nuestro
caso. Venezuela no debe involucrarse con lo que suceda en el Mar Negro, esto,
constituye una línea roja para nosotros. Nuestra misión es fortalecer el país
desde adentro, porque ha sido destruido, desde su línea castrense como sus
bienes públicos. La población laboral tiene un sueldo mínimo de siete bolívares.
Mariano Picón
Salas predijo: “Europa ya no están optimista como en el tiempo de la Reina Victoria,
y de Bismarck, dudó de la superioridad del hombre blanco, del mito imperialista
de Houston Chamberlain o de Cecil Rhodes. El mito por el que reventó Hitler y
comienza hacer su psicoanálisis existencial.”.
No fue por la crisis en
Ucrania que apareció la preocupación, pero es por ella que esa preocupación
crece en todo el mundo: ¿podría la Rusia de Vladímir Putin hacer una alianza
con China? En caso afirmativo, ¿de qué naturaleza sería una alianza tal, capaz
de causar movimientos en la tectónica del poder global?
Ha habido numerosos
indicios en ese sentido: en la crisis de Ucrania, Beijing tomó partido por
Putin y no solo prometió apoyo financiero al presidente prorruso de Ucrania,
Víktor Yanukovich (2010-2014), cuando este visitó China después de haberse
interrumpido las negociaciones para un tratado con la Unión Europea, sino que
le prometió incluso que, en caso de necesidad, instalaría un escudo de
protección nuclear sobre Ucrania. Después, Yanukovich fue derrocado a raíz de
las protestas en la plaza Maidán. Durante un tiempo, China no reconoció al
gobierno ucraniano de transición; por el contrario, le demandó ante una corte
civil internacional una indemnización de 3.000 millones de dólares por la supuesta
violación de un contrato de préstamos por granos firmado en 2021.
Esto coincidió temporalmente con la negativa de Moscú a vender gas natural a
Ucrania a menos que lo pague de manera anticipada. Si bien en el Consejo de
Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Beijing no bloqueó
expresamente las críticas a Putin provenientes de Occidente, durante la votación
se abstuvo dos veces para no enemistarse con él. Frente a la delicada pregunta
–incluso para China– de si «un Estado puede dividir a otro por medio de una
consulta popular escenificada», Beijing ensayó, hasta el cierre de las
elecciones presidenciales en Kiev a fines de mayo de 2014, respuestas
diplomáticas como que «debían considerarse todas las causalidades de la
historia y del presente para llegar a una solución». No puede negarse la
sospecha de que, de algún modo, China se resignó al hecho de que Moscú mantenga
sus aspiraciones imperiales.
De modo que China esta
motivando a Rusia hacia un espacio oscuro.
Hay que buscar una
estrategia de curación sobre este estigma, Joe Biden no es el hombre para gobernar
los Estados Unidos de Norteamérica. La civilización europea tiene un complejo
de culpa. Y hay una ética expiatoria que
nos recuerda la dramaturgia sartriana. Así que aprestémonos a darle lectura al decálogo
de Moisés y busquemos una fórmula de curación o sublimación.
.Alentada por las señales provenientes
del vecino chino, Rusia no solo envió bombarderos de gran alcance en dirección
a Alaska, en una advertencia dirigida a Estados Unidos, el verdadero rival. Se
denunció que bombarderos rusos se dirigieron asimismo hacia el archipiélago de
Guam, la principal base naval de la Séptima Flota estadounidense, que protege a
Japón. Se trata de una zona caliente, ya que Beijing mantiene desde 2012 una
disputa con Japón por tres pequeñas islas deshabitadas del Mar de China
Oriental. Desde entonces, el gobierno chino amenaza a Japón con tomar
represalias, y en ese marco envió destructores misilísticos a las
correspondientes zonas marítimas, mientras que cazas chinos interceptaron
durante semanas a aviones de combate japoneses. Parecía que todo esto no iba a
pasar a mayores, hasta que Moscú acudió en ayuda de Beijing, obviamente a
cambio de un objetivo estratégico.
El 21 de mayo de 2014,
Rusia y China firmaron un tratado que prevé el suministro continuo de gas
natural ruso en enormes cantidades a China por un periodo de 30 años. El valor
del contrato es de 400.000 millones de dólares, un dinero que fortalece a Moscú
en su conflicto con Occidente y frente a las sanciones de Bruselas. Como recompensa,
para la misma época en que se cerró el tratado, la flota rusa del Pacífico
realizó maniobras militares durante siete días junto con la Marina china frente
a Shanghái, la máxima ciudad industrial del país. En Beijing se dice que esto
es una clarísima señal hacia Japón y su regente, EEUU, que no pueden tener
dudas sobre a quién está dirigido el desafío.
Ahora se consolida la
idea de un tándem de dos potencias: la monetaria (Beijing) y la militar
(Moscú). Ambas aspiran, cada una a su manera, a tener derecho a intervenir en
caso de un cambio en el orden geopolítico que actualmente está encarnado en
EEUU y «Occidente». A la comunidad de intereses se agrega el hecho de que los
respectivos «puntos fuertes» de ambas partes parecen ser complementarios. En
ese marco, ¿qué podría obstaculizar una alianza?
En primer lugar, los
astutos movimientos de ambas partes. Ante señales tan claras de una acción
conjunta entre China y Rusia, ambas potencias hacen todo lo posible para no dar
la impresión de que aspiran a una alianza al estilo de la Guerra Fría, o tan
siquiera a una alianza militar, estilo Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN), que según Putin es algo anticuado. Resulta digno de mención el
hecho de que, si bien China necesita fuerza militar para equilibrar el
predominio estadounidense-japonés en el Lejano Oriente, los chinos acompañan
aplicadamente a Putin en su estrategia de evitar una alianza.
Los observadores
occidentales que ven esto con buenos ojos se dejan impresionar por la retórica
y ponen paños fríos al asunto centrando su atención en los BRIC –Brasil, Rusia,
la India y China–, que por su parte desafían económicamente el orden mundial
dominado por Occidente. En su opinión, el problema para Occidente en crisis no
sería una coalición entre Moscú y Beijing, sino una coalición de los países
BRIC, un discurso que data del apogeo de la globalización y que sigue vigente.
-* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en
Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica
del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores
del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular
de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del
Aragüeño
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