El Reloj del Tiempo.
Los partidos de izquierda, (progress), quieren sumar a
base de unidades políticas religiosas y, mediante la globalización asimétrica
lineal capitalista construir una nueva sociedad sin la amenaza de ser invadidos,
ocupados y convertidos en neocolonias. La coyuntura belicista y hegemónica
ejercida por los principales centros del poder mundial imponen a los partidos
de izquierda romper con los tradicionales métodos de lucha, limitado al
sufragio y movimientos políticos sectoriales, cuyas actividades se realizan
bajo normas institucionales, protegidos por un marco legal que responde y
sirven para hacerle el juego a los intereses de las clases dominantes.
Napoleón Bonaparte quería, igual que Putin, establecer
su soberanía tras los territorios de la frontera. En estos momentos es como
restablecer la soberanía interna y externa para engendrar un sistema que
garantice la continuidad con el todo. Y, por lo tanto, es necesario imponer
sobre cada ciudadano una autoridad incontrovertible, las relaciones del
gobierno con el pueblo son sacados fuera de las esferas de las Alianzas y se le
convierte en “una unidad sustancial originaria”.
Los nuevos marxistas, derrumban las teorías políticas
a costas de guerras y preparaciones guerreristas recurrentes. El progreso en el
mundo es una represión progresiva y la “tardanza” de la libertad amenaza con
convertirse en una entidad que, “a sí misma “se impele y se perpetúa. Marx,
tenía conciencia de las potencialidades reprimidas del hombre y de la
posibilidad de sus realizaciones, conciencia de la alienación y la
deshumanización.
Entonces, la conciencia se convierte en la peligrosa
prerrogativa del intruso.
Hay odio en esa invasión. Putin no piensa en el
futuro. Toda esa región es religiosa y, no se sabe quién es judío o no. Cuando
La Primera Guerra Mundial era necesario una restauración espiritual y la
reconciliación desde lo humano. Hay una teoría que se basa en tomar los hechos
y tendencias existentes, no es pensar en el futuro y se exige la destrucción de
su base actual.
Putin no es comunista, menos Nicolás Maduro Moros, son
capitalistas. El desarrollo y evolución
de la sociedad soviética contribuye en gran manera a la consolidación del
sistema capitalista. Este entrenado trajo dos circunstancias: El fracaso de las
revoluciones centroeuropeas, después de La Primera Guerra Mundial aisló a la
revolución bolchevique de la base económica y política de los países
capitalistas en avanzada, con lo que había contado y la condujo por el camino
de la industrialización bajo el mando de un solo hombre y, refleja en cierta
manera un carácter terrorista.
Este viraje histórico es decisivo, Los principios
socráticos, acusan pues, una oposición revolucionaria al Estado ateniense, de
manera que, bajo la definición del sujeto libre, del hombre como hombre. La
transgresión de La Ciudad- Estado se proscribe y entra la separación de la
verdad como universal y recaerá en Vladimir Putin, todas las decisiones
supremas.
Rusia piensa llegar a Grecia y luego a Alemania. Es
una fórmula política concreta que resume la vida histórica de Europa. El
resultado es muy paradójico. Es el
Estado absolutista. Descrito en El
Leviatán.
Es el Nuevo Orden Religioso que Hegel representa como
la universalidad de la voluntad. El Vaticano- Roma y el satélite ruso impondrán
sus disciplinas y la unidad decisiva del orden económico. Ahora, todo será
reclamado dentro de este esquema político. La Sociedad Moderna no ordena al
individuo en una igualdad abstracta del ego individual que se convierte en el
único refugio de la libertad
Hay un principio de identidad superior y Putin se la
juega. No desea memoria judía en el pueblo ruso, que, ya la tiene y representa
la verdadera raza pura, sino en su totalidad, de una manera parcial. Es
determinante la contemplación de todo lo que es, concebida así, la esencia
describe el proceso efectivo de la realidad.
Es una realidad final. Y Putin en un acto arremete. El
Estado es el espíritu de la realidad, todo lo que aparezca dentro del Estado
tiene que conformarse a él.
La religión hace trastabillar al presidente ruso y
nunca le va a quitar a esos pueblos, la esencia de una memoria judía y en su
cobardía terrestre amenaza con lo nuclear. Es una interpretación dialéctica que
debe hacerse y, el gran impulso es hacia adelante, el avance de la humanidad no
es con leyes anacrónicas.
-* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias Políticas. Orientador
Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor.
Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA.
Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La
Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño
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