Arcadia Fugaz
Lo que fue un proyecto básicamente moral y ético,
donde muchas ideas eran del Che Guevara y Mao Zedong, se cae estrepitosamente
por no prestarle atención y enfrentar al individualismo capitalista que con la
solaridad socialista se ha fomentado en el Cono Sur y Cuba. El capital se mueve
en un éxtasis unipartidista como modelo político. La rigurosidad de este
proyecto funciono en lo interno a medios informativos monopolizados por la oligarquía,
instituciones empresariales poderosas, sindicatos anaranjados y amarillos
controlados por la oposición. La izquierda viene dando un vuelco hacia la
derecha, creando conflictos porque la demagogia encaminada en dar aliento a la
emigración indiscriminada, ha desembocado en una crisis que se refleja en
deflación y crisis petrolera., que pone a los norteamericanos en cola ante las
gasolineras y llamar la atención a Biden para que bajase los precios del gas y,
calefacción como viene sucediendo en Europa.
Más que contradicciones ideológicas, los principales
conflictos son de carácter político y, el marxismo con sus teorías es olvidado,
salvo por un grupo de personas, los historiadores vienen logrando reajustes en
la opinión pública ante cada acto de efervescencia rebelde.
Las oligarquías de Lima y Venezuela desencadenaron una
escala progresiva de símbolos de poder hasta destabilizar al Estado. Eso de la emancipación
de los humildes se convirtió en engaño, cuyo único fin era quitarle las tierras
a los agricultores, tal como sucede en los llanos occidentales y el eje andino
del Estado Bolivariano de Venezuela, donde una de las misiones de las alcabalas
fantasmas y focales es acosar a los productores del campo y despojarlos de
todos sus bienes para obligarlos a irse a los centros urbanos a traer más
problemas, mientras, la burguesía como un instrumento del capitalismo internacional
cuida de esos bienes y son una herramienta de comercialización y confiscación
de los mismos a través de las instituciones oficiales que sirven de
fiscalización a las actividades de la región.
La revolución agraria constituye un verdadero desafío
a la historia oficial. Veamos, los Territorios del Continente Sureño desde el
Virreinato de Río de La Plata hasta La Capitanía de Venezuela en Angostura, ¿De
quiénes son estas tierras? Son piezas de un engranaje militarista y de quienes
usurparon sus cargos para servir a la nación con fines políticos. Atrás hay una
verdadera legión de parásitos al servicio de los industriales ingleses, iraníes,
traficantes y comerciantes. Es la burguesía creadora que tenemos y, que no
estima en derramar sangre y crear incertidumbre, como los hechos acaecidos con
el ingeniero Juan Guaidó en Cojedes y Zulia, ambos Estados los conozco por
tener en ambos familiares. Gente humilde que es utilizada por una camarilla
para plenar salones y, hasta hoy, a veinte y tres años de revolución sus statu
sociales son completamente deprimente y, han tenido que vender o destrozar los
juegos de sala para hacer leña y cocinar. En Cojedes, la gestión de Erika
Farías determina un cruel oscurantismo, San Carlos es la misma ciudad que
levanto Leoni, Carlos Andrés y Marcos Pérez Jiménez, cuando pujó para proteger
a los campesinos y sus siembras de los desalmados, ya sea gendarmería o
delincuentes. En cuanto al Zulia, ya conocemos su situación y la Costa Oriental
del Lago hasta Bobures es desolación.
La constelación del poder- lo dice Eduardo Galeano- es
para pocos. Están los censos y en Argentina, los gauchos están alzados porque
La Patagonia ha sido tomada entre terroristas, musulmanes, ingleses, judíos e
italianos que quieren esas tierras para cumplir sus vagancias y soperas. Ya no
hay ningún beneficiado de la Reforma Agraria, aquí la intervención extranjera ha
sido muy audaz y Mauricio Macri y su ministro de defensa son los culpables de
la inmersión del Harás San Juan.
* Escrito
por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias
Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del
Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del
Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de
Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del
Aragüeño
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