Aventis
Washington, debe buscar
un puesto de dinamismo comercial, antes de quedar aislado en todo el Continente
americano- léase norte, centro y Sudamérica-
Sus apuestas vienen fracasando un paso tras otro. A Donald Trump le
preocupa su regreso a la guerra fría, y, dinamizar los nudos corporativos
cuestan dólares, porque, la industria del maletín ha regresado a los muelles y
estaciones de depósito en los principales aeropuertos del país.
Tanto no preocupa
Mercosur, Unasur y del Celac. Sino la proximidad de las alianzas mercantiles y,
lograr que el dólar fluya de una manera integrado a los centros de difusión bursátil,
reflejando su valor real y no ficticio. Por ejemplo, ya Brasil y Argentina
buscan acuerdos bilaterales para fortalecer con EE. UU sus ventas de piezas electrodomésticas
y automotriz. Se espera a México, que no se deje influenciar por la izquierda y
el presidente Maduro Moros de Venezuela, porque su derrumbe sería más desastroso.
El retorno de la derecha, refleja una novedosa sintomatología en una política
externa a nivel soberano.
De
economías que habían recuperado su capacidad de crecimiento, de gobiernos que
habían priorizado las políticas sociales de distribución de renta, de
presidentes que habían liderado los procesos de integración regional, hemos
pasado a gobiernos que privilegian el ajuste fiscal, intensificando la recesión
económica, cortando recursos de las políticas sociales y acentuando las
dinámicas de exclusión social, a gobiernos que vuelven a gobernar para pocos, a
políticas externas de sometimiento absoluto a los intereses de los EE.UU.
Pero, el gran problema es
que no se crearon las escuelas p
olíticas de formación ideológica y el ciudadano
común poco tiene un carácter de vida en su conciencia política. Francia es un
nuevo ejemplo de aceptación o rechazo a un credo político o religioso, un
llamado a los presidentes a que asuman sus riesgos y responsabilidad con el
pueblo, que sufrago con ellos.
La prisión de Lula, abre
el camino hacia una victoria electoral de cualquier candidato de extrema
derecha, no importa los mecanismos para lograrla. Sea una trampa jurídica e
internáutica. Lamentablemente, los militares son el brazo derecho de un
gobierno de izquierda o derecha, solo les interesa unas acciones en la venta de
metales preciosos, agua, gas, o hidrocarburos. Ya no les interesa el concepto
de Estado- Nación, como figura y símbolo de seguridad nacionalista.
La semana
pasada el reingreso de Brasil en la guerra fría ha ganado dos nuevos episodios:
uno, el nombramiento de un troglodita para ministro de relaciones exteriores,
alguien que dice que Brasil tiene que salir de la globalización, que es
instrumento del marxismo cultural (sic), que los problemas climáticos son
invenciones que favorecen a China, entre tantas otras barbaridades, tales como
que Dios tiene que salvar a Brasil. El otro, la ruptura del programa Más
Médicos, que tenía alrededor de ocho mil médicos cubanos atendiendo a más de
dos mil ciudades brasileñas y a decenas de millones de personas que, de otra
manera, no tendrían atención médica. Todo con el argumento del presidente
elegido de Brasil de que estaba liberando a los médicos cubanos de la
esclavitud.
Mientras
que, en Argentina, se intenta avanzar en la misma dirección: a medida que se
consolida el nombre de Cristina Fernández de Kirchner como favorita para ganar
las elecciones presidenciales del próximo año, se intensifica la persecución
jurídica y política contra ella. Intentan reproducir exactamente lo que han
hecho con Lula e intentan hacer lo mismo con Rafael Correa y Gustavo Petro: la
criminalización de los principales dirigentes populares latinoamericanos. Todo
como un regalo para Trump, que logra restablecer puentes en el continente, en Argentina,
en Brasil, en Chile, en Ecuador, mientras pierde los lazos carnales con México.
Cuánto más cercanas a Washington, más miserables nuestras sociedades, más sin
soberanía ni líderes populares, más represión hacia nuestros líderes y los
movimientos populares.
Pero, los presidentes
progresistas cometieron sus errores y le dieron paso al hampa, narcotráfico y
la desorganización social, sin olvidar a Odebrecht.
La lucha en
Latinoamérica pasa, necesariamente, por la defensa de los principales líderes
políticos del continente, como parte de la resistencia democrática en contra de
los regímenes de excepción que se han instalado en varios países del
continente. Son ellos quienes pueden volver a gobernar nuestros países con
legitimidad y gran apoyo popular, son ellos quienes pueden hacer con que
nuestras economías vuelvan a crecer con distribución de renta y que recuperemos
nuestra soberanía externa. Son ellos quienes pueden liderar a nuestros países y
a nuestros pueblos en la lucha de defensa de sus derechos avasallados y de
nuestra democracia profundamente amenazada.
La situación económica en
Latinoamérica es un castillo de naipes y, se puede caer en cualquier momento,
porque no hay ahorristas, industrias en quiebres. Bancos que solo pagan, pero,
no tienen fianzas crediticias hacia el ciudadano. No hay un esquema viable para
la compra y traspaso de dólares. América Latina es un verdadero huracán
mercantil.
Es emblemático, ahora
todos los votos pasan por la economía y la expectativa sobre el futuro Y para eso el Gobierno necesita que el dólar se termine de
tranquilizar, que la inflación empiece a dar signos de desaceleración, y que el
clima social y los reclamos en la nueva apertura de las paritarias no se
desmadren. Pero además necesita dejar de dispararse tiros en los pies, cada vez
que la incertidumbre da señales de amainar
Estamos en mano de
yuppies financieros y hombres que en nombre de una organización política y
mercantil obstruyen la marcha del Estado hacia su reconstrucción nacionalista,
muchas veces aliados a personas fuera del margen de la ley. Necesitamos una
nueva conciencia ideológica

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