Aventis
Los norteamericanos han
sido fuertes con los sioux, todo este documentado hasta el vil asesinato de
Toro Sentado, uno de sus jefes más legendarios y, ese mismo lugar, donde fue
tomado como rehén para quitarle la vida, un movimiento indígena lo retomo y,
dos de sus integrantes serían asesinados por fuerzas federales y, por otro
lado, el líder indígena Leonard Peltier, es el preso político más antiguo de
los EE. UU.
Todas las
guerras que ha hecho Estados Unidos de Norteamérica, como toda guerra
imperialista, son guerras de conquista. México sabe muy bien eso: la mitad de
su territorio fue robado por Estados Unidos. Los territorios de los actuales
Estados de California, Nevada, Utah, parte de Wyoming, parte de Colorado,
Arizona, Nuevo México, Texas, parte de Kansas y parte de Oklahoma, pertenecían
a México antes de que los Estados Unidos desataran la guerra para robárselos.
Pero vayamos a
una guerra de ultramar, como la Segunda Guerra Mundial. Según los cuentos para
niños de Hollywood, la guerra contra los nazis se habría ganado gracias a la intervención
de los Estados Unidos. Pero la Verdad Histórica es muy diferente. Si bien es
cierto que en situaciones críticas el aporte de una mínima cantidad adicional
puede incidir de manera rotunda en su resultado, y en este sentido no hubiera
sido lo mismo si los Estados Unidos se abstenía o no de entrar, lo concreto es
que la nación norteamericana siempre actuó sólo en favor de sus propios
intereses, de manera oportunista y artera, como también lo hizo Europa
Occidental, que ayudó a los nazis a hacerse fuertes para que actuaran
principalmente como una fuerza anticomunista, en contra la de Unión Soviética.
Así, Occidente toleró la anexión de Austria y Checoslovaquia por parte de
Hitler, y abandonó a Polonia. Stalin había intentado repetidamente realizar acuerdos
con Gran Bretaña y Francia para impedir el expansionismo nazi-fascista, pero
fue repetidamente desdeñado. Ante la indiferencia y hostilidad hacia la Unión
Soviética y la complicidad hacia Hitler por parte de las “civilizadas” Gran
Bretaña, Francia y Estados Unidos (muchos de cuyos bancos financiaron el
ascenso de Hitler), es decir, ante la actitud hipócrita de estos países que,
por otra parte, fueron los que impulsaron las guerras contra el naciente Estado
Obrero apenas ocurrió la Revolución de Octubre, Stalin se vio obligado a pactar
con Hitler sobre el territorio de Polonia, una Polonia que, por otra parte,
antes también había rechazado los ofrecimientos de alianza del Kremlin,
impidiendo así que la URSS pertrechara a ese país y, al mismo tiempo, pudiera
usar de manera transitoria su territorio para adelantar el frente contra
Alemania, ante la posibilidad cada vez más real de que Hitler quisiera invadir
la URSS. Con el Pacto Molotov-Ribbentrop Stalin supuso que así de alguna manera
inmovilizaba a Hitler, visto y considerando la falta de compromiso de Occidente
contra Hitler y la hostilidad histórica contra un Estado soviético que en esos
tiempos representaba los sueños revolucionarios de los desposeídos del mundo.
Lo que el mundo aprendió por enésima vez es que los imperialistas siempre
rompen los acuerdos: Hitler atacó a la URSS por sorpresa, traicionando el pacto
realizado.
Como podemos
ver, el peso de la guerra contra Hitler en el teatro europeo, recayó casi
completamente en la Unión Soviética
Pero ignoremos
por un momento el oportunismo y el arribismo del rastrero Occidente. Volvamos a
los métodos. En este punto comprobaremos cómo la doctrina militar de los
imperialistas es totalmente diferente de la doctrina militar de los que hacen
una guerra justa, en contra de los opresores. Sea que tomemos a Japón cuando
invadió China (ya desde algunos años antes de que se desatara la Segunda Guerra
Mundial), sea que tomemos a los alemanes y los franquistas en la Guerra Civil
Española, sea que tomemos a los alemanes, a los británicos, los franceses y los
estadounidenses en la S.G.M., en todos los casos encontraremos ejemplos de masacres
horrorosas, ejemplos que en realidad no representan excepciones, sino que
constituyen los casos más emblemáticos, los más alevosos, de un modus operandi
característico de estas aves de rapiña.
Pero, AMLO, no
debe hacer concesiones con los norteamericanos, más allá de la vía diplomática
y ver muy bien su alianza con Cuba y Venezuela. La traición es presente en
cualquier movimiento militar y de mercadotecnia. Muchos venezolanos solicitados
por corrupción o enchufados del proyecto bolivariano, se están atrincherando en
las principales ciudades del país azteca.
Y aquí no
profundizamos en el detalle de los eventos de experimentación con seres humanos
que es típico de los nazifascistas, en su concepción racista y supremacista del
Hombre, donde se pretende que unos hombres tienen más valor que otros, y donde
se desprecia completamente la vida humana. Tanto Alemania, como Japón, como
Estados Unidos, como Gran Bretaña, entre otras naciones imperialistas, han
llevado adelante atroces experimentos con seres humanos.
Tampoco nos
adentramos en el desempeño militar de los colonialistas en África, continente
donde quizá no haya tanta documentación sobre masacres y genocidios, pero que,
sin duda, se produjeron en gran magnitud.
Tampoco
describimos las prácticas del régimen racista de Israel, que además de haber
realizado todas las maldades imaginables contra el pueblo palestino, es un
régimen que se especializa en la formación de mercenarios y la articulación de estrategias
de dominio totalitario sobre poblaciones o comunidades de todo tipo a lo largo
y a lo ancho del mundo.
En las guerras
de Corea, de Indochina (Vietnam), de Centroamérica, de Argelia, y etc.,
encontraremos el sello característico de la forma de hacer la guerra por parte
del Imperio: masacres y abusos inenarrables sobre personas indefensas. Su
doctrina militar carece de todo honor y es nada más que pillaje y cobarde abuso
de la fuerza, porque esa y no otra es la naturaleza moral del imperialismo.
Por contraste,
si revisamos la doctrina militar de las fuerzas antimperialistas, repararemos
en que sus ejércitos han librado la guerra de otra manera. El Ejército Rojo en
la Gran Guerra Patria jamás tuvo el objetivo de provocar víctimas civiles, sino
que su estrategia estuvo siempre guiada por el objetivo de vencer a los
combatientes enemigos, no de golpear a los pueblos. No encontraremos casos de
masacres como las de Nankín, Tokio, Dresde o Hamburgo. No encontraremos ese
modus operandi como parte de la doctrina, como sí sucede en Occidente o en
Japón (que hoy es un Estado vasallo). Si eventualmente se produjeran abusos,
éstos resultarían en una excepción, y como parte del comportamiento táctico, no
como parte de la planificación del Estado Mayor. Lo mismo podemos decir de las
fuerzas de Ejército Popular de Corea, o de China, o de las fuerzas del
Vietcong, o de las fuerzas militares de Irán, o de Cuba. Son fuerzas militares
libertadoras, no fuerzas opresoras.
En momentos en
que el mundo se ve cada vez más conmocionado por las publicitadas masacres del
EIIL (Daesh, en árabe) y de otras formaciones militares organizadas y alentadas
por Occidente, comprender la naturaleza íntima y profunda del poder
imperialista no sólo nos hará tomar conciencia de quienes son los merecidos
enemigos de la Humanidad toda, sino también adelantarnos a sus acciones y poder
“leer” por debajo de la histeria informativa de los “prestitutes”, qué es lo
que realmente está pasando en el terreno.
Mao Tse Tung
expresaba que la izquierda y el ejército rojo en cualquier país era conocedor
del territorio y fuerte en los procesos revolucionarios, pero, malos en la
economía de allí, la necesidad de abrirse al mercado y del capital, pero en un
plan combinado y de fuerza para no atascar al país en referencia y, tenía toda
la razón. El imperialismo es un tigre de papel, y mientras más lo
conozcamos, más nos convenceremos de esta verdad.
La doctrina
militar cobarde de la masacre y el terrorismo sigue aplicándose hoy en día,
pero con las formas modernas y las tecnologías modernas. al haríamos en
menospreciar la magnitud no tanto de las derrotas electorales, sino de las
consecuencias generales de las mismas, que van mucho más allá de su impacto
institucional y de las proporcionalidades del consenso que representan los
guarismos.
El
militarismo, quiere imponerse de nuevo, más allá de lo civil, escudado en el
poder y fuerza de la izquierda, es un autoengaño a las masas.
Esto Katz lo
escribió el 2 de diciembre de 2015, unos días antes de la asunción de Macri.
Creo que hoy los hechos han demostrado suficientemente, con el ametrallamiento
de decretos por parte de Macri, que no necesitó de muñeca sino de un dedo
índice para apretar el gatillo, y que la reacción puede avanzar con cierta
efectividad si no hay nada que se le oponga con superior fuerza fáctica. ¿O
acaso las protestas pacíficas e "institucionales" podrán evitar que
Macri avance y siga avanzando de manera efectiva, como lo está haciendo, si
toma la decisión política de atropellar sin complejos y tiene la cadena de
mandos debidamente estructurada sobre las fuerzas policíaco-militares y
judiciales para hacerlo, y cuenta con un blindaje mediático que distorsiona la
realidad? Indudablemente que estas acciones claramente antipopulares
autoritarias de Macri, en el tiempo, provocarán un grave crisis política o aún
una guerra civil, porque de la misma manera que una revolución poderosa
engendra, como contracara, una contrarrevolución a su medida; a la inversa, un
régimen que, más allá de haber sido ungido por elecciones, dicta medidas
socioeconómicas antipopulares y es agresivo y hostil en su estilo político (una
cosa tiene que ver con la otra), genera una resistencia a su medida.
El pueblo no
cuido a Cristina de Fernández, viuda de Kirchner, en Argentina. Tampoco se desveló
en estar vigilante de Chávez Frías en Venezuela. Ahora tenemos una repuesta
neofascista con influencia de organizaciones arábigas que hacen difícil regularizar
una situación política y económica, porque, sucede algo. Los árabes y chinos no
son amigos de nadie, menos en alianza, la traición es presente, como lo fueron
los norteamericanos de los sioux.
Y en este
punto es donde entramos en las perspectivas nada alentadoras de la eventualidad
de una intervención directa de los EEUU en el escenario abierto por las
victorias electorales del cipayaje (perspectiva que siempre está presente pero
que ahora estará validada frente a la "comunidad internacional"):
¿Qué sucederá si Argentina se ve desbordada por conflictos sociales generalizados,
con represión y piquetes por todos lados, cosa que probablemente ocurrirá -no
por cuestiones ideológicas sino por el impacto de la carestía provocada por la
medidas desreguladoras del cipayaje-, y la enorme crisis política emergente
pudiera ir enfilando a Macri hacia la puerta del helicóptero de la terraza de
la Casa Rosada, como se eyectó De la Rúa? ¿Qué sucederá si en Venezuela la
oposición, agrandada con el apoyo electoral obtenido, no consigue derrocar a
Maduro con sus "propias" fuerzas?
Sabemos que, Venezuela,
seguirá mandando la izquierda porque no hay otro movimiento envolvente de
abrirla a espacios más abiertos, por una oposición comprometida con el gobierno
desde la Asamblea Nacional y, donde Henrique Capriles Randosky, es el cipayo
más cercano al gobierno oficialista junto al pastos Javier Bertucci y Henri
Falcón.
Por su parte,
Mauricio Macri le entrego Argentina a los israelitas y norteamericanos,
afianzados por el Reino Unido desde la Isla de Las Malvinas. Cuantos barcos no
llegan con cargas de alimentos ingleses a esta Isla. El secreto, lo tienen los
cuarenta y cuatro tripulantes del Ara San Juan, un submarino hundido por
cualquier vía de espionaje y que los rusos, conocen de esta verdad.
La
intervención militar de los EEUU es un hecho porque EEUU no dará ningún paso
atrás en estos avances que para ellos son realmente estratégicos. EEUU no
permitirá otro helicóptero despegando desde la Casa Rosada con Macri adentro,
hay una diversidad de bases militares norteamericanas en nuestro territorio
continental y un presidente Maduro en plena alianza, no hay contrariedad. El
mismo pueblo les dio poder para ir controlando nuestras riquezas en procesos
electorales genuinos y, ahora se le suma México. Que contraste, es el nuevo orden,
la nueva democracia en su más alto nivel, tal, como lo expresó Heinz Dieterich,
un filósofo alemán que suele visitar la capital azteca.
Escrito por Emiro
Vera Suárez, Orientador Escolar y
Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro
activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en El
Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, columnista del Aragüeño y
coordinador cultural de los diarios La Calle y el Espectador- Valencia. Hora
Cero.
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