
Aventis
La
Palestina de hoy, sin dudas, es sólo el espejo más representativo de lo que
espera a otros. O mejor, de lo que nos espera a los demás. Hitler – fundador del nazismo, una ideología
de supremacía racial segregacionista de fuerte sesgo antisemita, considerado
tal vez el peor enemigo de los judíos y que llevó a una de las peores masacres
de la historia – en sus comienzos como gobernante de Alemania apoyó
decisivamente al sionismo, la expulsión de los judíos alemanes a Palestina y la
invención de la entidad sionista.
Los palestinos
nunca han sido el único objetivo en los planes de dominio y ocupación sionista
sino el prioritario, puesto que su presencia independiente y viable como pueblo
niega la esencia de la entidad sionista. Una entidad que, a fin de cuentas, no
es más que una base terrenal del sionismo. O sea, de una concepción que, como
tal, representa precisamente los intereses del gran capital financiero
internacional que pretende dominar el mundo. Por lo que cada estado árabe, y
especialmente aquellos con direcciones nacionalistas claras y cohesionadas que
atisben como oponentes, han sido y son también su objetivo real tarde o
temprano, como lo son Siria e Irak, o Yemen, y lo fue Sudan.
Expresión de
esas ambiciones fue la guerra sionista de 1967, la cual les permitió no sólo
apoderarse del territorio palestino que luego de la guerra del 48 había quedado
bajo el control egipcio y jordano, sino además de la península del Sinaí hasta
las márgenes del Canal de Suez, territorio egipcio que se ve obligado a
devolver en el año 1979 tras los acuerdos de Camp David. Y también apoderarse
de las altos del Golán, de soberanía siria, que ocupo durante la Guerra de Yom
Kipur (1973) expulsando a más de 90000 de sus habitantes. Territorio que desde
1981 fue anexado en la práctica por los sionistas como parte de su entidad, a
pesar de que en la Resolución 497 del Consejo de Seguridad de la ONU se
declaró que la decisión israelí de imponer sus leyes, su jurisdicción
y su administración al territorio sirio ocupado de las Altos del Golán es
nula y sin valor, aunque lamentablemente en la realidad nada hizo ni
hace para implementarla y obligar a la entidad sionista a devolverlo.
El denominado
Plan Yinon, conocido Plan sionista para debilitar y dividir el Medio Oriente,
es también una manifestación más de esas ambiciones conformando, junto a la
concepción norteamericana del “Arco de Crisis” y el “Caos Constructivo”, los
más viejos cimientos de la geopolítica que actualmente aplica Estados Unidos en
esa zona, o sea, la “Balcanización”. Geopolítica que busca desmembrar esa región
en territorios enfrentados entre sí, atomizados y políticamente débiles,
reconfigurando la zona en función de los intereses sionistas e imperialistas y
de sus aliados occidentales y árabes. Y la cual, desde el ángulo de su impacto
práctico ha provocado una nueva “catástrofe”, una Nakba que amenaza a todo el
Medio Oriente con divisiones y guerras, y lo ha convertido en un verdadero
infierno.
“Balcanización”
que pretendieron buscar a través del uso táctico de los grupos terroristas mal
llamados “islámicos”, y que ahora el Parlamento de la entidad sionista
(Knesset) intenta legalizar a través de un proyecto de ley que explora las
formas en las que el régimen de Tel Aviv podría ayudar a los separatistas
kurdos a establecer un estado independiente que apoye al régimen sionista y que
tome partes de Siria, Irak y Turquía.
La ocupación y
destrucción sionista de Palestina, así como la expulsión masiva de la población
nativa y la instauración allí de una entidad gendarme, no ha sido más, por
consiguiente, que el primer paso de todos esos planes. A ello debe seguir la
ocupación y destrucción de, por lo menos, El Líbano, Siria, Jordania, Irak y
partes de Egipto y Arabia Saudí, hasta crear el sueño sionista, o sea, un
estado que abarque - y no es casualidad -desde el Nilo al Éufrates, pretensión
que explica la constante negativa de esa entidad a fijar fronteras. Y todo ello
para que el imperial-sionismo norteamericano domine dos de las tres zonas con
mayor producción mundial de petróleo: el Oriente Medio y una parte importante
de la correspondiente a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS): el Cáucaso y el Asia central. Todo lo cual le
permitiría someter y controlar todo el planeta, apoderarse de sus recursos
naturales y tener mayor poder sobre los demás.
Decimos que no
por casualidad, refiriéndonos al territorio con el que sueñan los sionistas,
aunque parezca casi imposible de creer en pleno siglo XXI y difícil de detectar
por su camuflaje y sutileza, tanto la creación como la existencia de la entidad
sionista están basados en un oscurantismo de tipo medieval que evita
deliberadamente que se conozca la historia del pueblo originario de la
región: el palestino, sustituyéndola por la historia herencia al sionista
que hace exclusivos a los judíos y atribuye un origen divino a esa
exclusividad.
Un
oscurantismo que, manipulando los mitos de la fe popular cristiana y judía, así
como las ideas místicas sustentadas en lo fundamental en los mitos cristianos
hiperbolizados por la Reforma Protestante, deforma e invierte las condiciones
materiales reales del surgimiento de la fe judía para crear un origen, una nacionalidad y
una razón de ser política a la existencia de los judíos que, aunque falsa, les
ha permitido lograr sus fines y legitimar sus intereses. Un oscurantismo que se
ha convertido a su vez en una herramienta de exclusión social, ya que al
absolutizar la historia sionista e impedir por todos los medios consciente y
deliberadamente la difusión de la realidad, ignoran y desconocen la de los palestinos.
A su vez, que
Jerusalén es una ciudad Santa no sólo para una fe, sino que lo es para las tres
grandes religiones monoteístas - la judía, la cristiana y la islámica -, todas
ellas asociadas a la figura de Abraham. Lo que hace evidente que los argumentos
sionistas lo que persiguen es ocultar y encubrir el hecho real de que Palestina
fue un territorio en el cual vivieron y compartieron una misma tierra y un solo
país los judíos, cristianos y musulmanes, encubiertos en una sola identidad, de
palestinos.
Y lo más
terrible aún, un oscurantismo que persigue que su pretendida y auto adjudicada
acreditación como elegidos por Dios, les dé derecho a ocupar y destruir
territorios, y a someter, actuar bestialmente y asesinar impunemente la
población palestina.
En cuanto a la
consolidación de su base territorial como territorio libre de oponentes, los
sionistas y sus aliados, incluyendo por supuesto a las monarquías feudales y
los gobiernos reaccionarios árabes, han ido logrado que el pueblo palestino, a
pesar de los casi dos siglos de lucha contra la colonización y la ocupación de
su territorio, esté enfrentando hoy una profunda crisis territorial,
demográfica, política y económica. Crisis agravada desde Oslo, además, por una
nueva y más compleja estrategia imperial-sionista diseñada para un largo plazo
la cual ha buscado minar, dividir y debilitar al propio pueblo palestino desde
dentro, a partir del colaboracionismo de ciertos sectores palestinos y el
incremento de sus contradicciones internas. Pero crisis generada
conscientemente por los sionistas con el fin de hacerlo desaparecer y/o
claudicar en su lucha.
En efecto, los
sionistas han dejado al pueblo palestino prácticamente sin territorio, y el que
disponen está formado por un rompecabezas de pedazos fraccionados sin
coherencia territorial ni continuidad, desconectados entre sí y bordeado por
puntos de control sionistas y obstrucciones de todo tipo.
Por otro lado,
el sionismo se ha ocupado de convertir la economía Palestina en una
economía de“de-desarrollo”, denominación que dio la economista norteamericana
Sara Roy de la Universidad de Harvard, para caracterizar una economía que
presenta una constante erosión o debilitamiento de la capacidad de crecimiento
y expansión debido al continuo robo de tierras y recursos naturales que
desgastan su base productiva , cuyas fronteras han sido y están con
trolados por
los sionistas y la importación de insumos restringida, todo lo cual incrementa
los costos de producción, deprime las inversiones e, inevitablemente, sitúa a
la economía en una trayectoria distorsionada de alto desempleo y pobreza
generalizada.
Al igual que
el territorio, la población palestina ha sido convertida por el sionismo en un
rompecabezas de pedazos fraccionados, estando parte de ella imposibilitada de
retornar a su país, obligada a permanecer viviendo en muchos casos – como otros
dentro de la misma Palestina - en campamentos de refugiados de la UNRWA,
organización a la cual Washington recortó en enero su aportación como método de
presión a la Autoridad Palestina. Mientras que los que viven en la entidad sionista,
a los que concedieron tarjetas de identificación y reconocieron “teóricamente”
la ciudadanía - no para incorporarlos a la vida cívica y política, sino para
evitar el retorno de los que habían sido expulsados - sufren una discriminación
sistemática generalizada en casi todos los aspectos de la vida y viven en
inferioridad de derechos con respecto a los colonos judíos que allí habitan.
Una economía
en la que el de desarrollo coexiste con una ANP con un aparato de estado
desproporcionado que se ha convertido en el primer proveedor de empleo - la
mitad de ellos en fuerzas de seguridad -, cuyos ingresos provienen de los
impuestos recaudados lo que genera una amplia red de clientelismo y de
corrupción, los impuestos controlados por los sionistas y la ayuda
internacional los cuales son utilizados como instrumentos políticos de presión
sobre ella.
Los resultados
anteriores, sin hablar ya de las masacres, los asesinatos, los bombardeos, las
acciones punitivas, los cortes de electricidad y de agua, los prisioneros y los
atropellos que se están cometiendo contra los niños palestinos, los asentamientos
y las agresiones de los colonos y el robo constante de tierra. Sin hablar de
ello, los resultados descritos anteriormente de por sí, constituyen condiciones
materiales reales que, junto a la voluntad y concepciones sionistas, limitan
y/o imposibilitan la creación de un estado palestino medianamente creíble en la
actualidad. Lo que en cierta forma explica que el gobierno norteamericano, bajo
la presidencia hoy de Donald Trump, haya pretendido, aplicando la fuerza,
encaminar las negociaciones con la Autoridad Palestina, entre otras variantes y
en el mejor de los casos, hacia la aceptación de un status quo que
reduzca los palestinos a Gaza y algunas partes de Cisjordania; o permita,
quizás, una solución federativa jordano-palestina, o la expulsión de éstos
hacia el Sinaí, con la anuencia del gobierno colaboracionista de Egipto.
En cualquier
caso, no obstante, se trata sin dudas de liquidar la causa Palestina,
posibilitando así la aceptación pública de la entidad sionista y su coalición
en una alineación regional junto a las naciones árabes reaccionarias y
monárquicas más fuertes para lograr el dominio de la región.
Existe un
conjunto de textos importantes, muy bien documentados, donde se analiza como,
sobre la base de ideologías similares sobre etnicidad y nacionalismo,
existieron intereses comunes entre el sionismo judío y la Alemania Nacional
Socialista.
La base
conceptual de esta coincidencia de intereses estuvo en el reconocimiento por
ambos de la nación judía y de la raza judía. Así, señala Max Webber, en 1933 la
Federación Sionista de Alemania envió una declaración al Congreso del partido
Nazi que decía: un renacimiento de la vida nacional como el que ocurre
en la vida alemana… debe ocurrir también en el grupo nacional judío. Sobre la
base de un nuevo Estado (nazi) que estableció el principio de la raza, deseamos
encuadrar nuestra comunidad en la estructura de conjunto de manera que también
para nosotros, en la esfera a nosotros designada, pueda desenvolver una
actividad fructífera para la Patria.
Webber amplía
el contenido de la nota que a continuación decía: Creemos que
precisamente es la nueva Alemania [Nacional Socialista] que puede, a través de
una determinación audaz en el manejo de la cuestión judía, dar un paso decisivo
hacia la superación del problema, el cual, en verdad, tendrá que ser tratado
por la mayoría de los pueblos europeos…. Y agrega, El diario
de la Federación, el Jüdische Rundschau (“Jewish Review”), proclamó el mismo
mensaje: El sionismo reconoce la existencia de un problema judío y desea una
solución constructiva y de largo alcance. Para este propósito, el sionismo
desea obtener la ayuda de todos los pueblos, sea ésta en pro o anti-judía,
porque en su opinión, estamos tratando aquí, más con un problema concreto que
uno sentimental, la solución en la cual todos los pueblos
están interesados.
Los judíos desean
posesionarse de Argenta en una confabulación entre USA y el gobierno de Roma,
porque, Sudamérica tiene la estructura jurídica Itálica en sus predios. La
izquierda, tampoco pierde su espacio y tiempo, desea adueñarse de territorios
y, en una especie de arroz con mango quiere asumir ese rol con la ayuda de
árabes y colonizadores dogmatizados de la vieja escala histórica cristiana,
como por ejemplo cubanos que, cumplen una doble faz mesiánica y, ya están en Bolivia,
desculturizando a las etnias indígenas y en México, se viene dando una metamorfosis
de un presidente que fue un moderado, saltar el muro a los baños orientales y
de la izquierda nazi, bañada del cristianismo alemán.
Escrito por Emiro
Vera Suárez, Orientador Escolar y
Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro
activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en El
Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, columnista del Aragüeño y
coordinador cultural de los diarios La Calle y el Espectador- Valencia. Hora
Cero.

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